martes, 14 de abril de 2026

 Adicción a redes sociales afecta más a infantes y adolescentes.

Por Arturo Fernández Ramírez

Ansiedad, depresión, preocupación excesiva por la apariencia física, entre otros daños, provocan el prolongado uso de las redes sociales. Estudios en neurociencia han documentado que los estímulos de algunas plataformas activan circuitos dopaminérgicos asociados al sistema de recompensa. Particularmente sensibles durante la infancia y la adolescencia, cuando el control inhibitorio aún está en desarrollo. Es necesario que como madres y padres de familia tomemos cartas en el asunto. Buscando alternativas que activen físicamente a este sector social, que dejen el sedentarismo y reviertan la adicción a los dispositivos tecnológicos.


     De acuerdo a especialistas, investigadores y académicos, la evidencia empírica identifica a los adolescentes y jóvenes, entre los 12 y 29 años de edad, como el grupo con mayor vulnerabilidad. Precisamente por los procesos de construcción de identidad, comparación social y búsqueda de pertenencia.

     Aseguran que uno de los principales indicios para detectar la adicción es cuando una plataforma se transforma en un recurso automático para evadir emociones, buscar validación o llenar espacios de tiempo. Situación que puede derivar en una pérdida de control que orilla a usar el dispositivo de manera prolongada cuando la intención era solo unos minutos. Afectando nuestra vida, actividades y las relaciones con las y los demás.

      El entorno y la situación individual de cada persona, puede provocar que el uso intensivo de las redes sociales aumente problemas preexistentes, como ansiedad o baja autoestima. También crecen las situaciones de riesgo, tal sería el caso del ciberacoso, fraudes o extorsiones. La adicción puede llegar a extremos graves cuando perjudica el trabajo, escuela y salud. Al quitarnos el tiempo que debería ser para descansar y alterarnos emocionalmente.

     Y, para combatir esta grave problemática, recomiendan que las madres y padres de familia platiquen con sus descendientes sobre los riesgos de las redes sociales. Ponerles límites, desactivar las notificaciones innecesarias, evaluar el contenido que consultan. Buscar alternativas que los haga disminuir el tiempo con los dispositivos digitales.

   En pocas palabras, concientizarlos del uso responsable, informado y equilibrado de la tecnología. Centrar las estrategias de mitigación en la alfabetización digital y la autorregulación.

       Pongamos manos a la obra, la tecnología es producto del ser humano y tiene que utilizarse para su beneficio, nunca para su perjuicio. Evitemos que nos esclavice, perjudique o someta. Como adultos tenemos la gran responsabilidad de cuidar a las y los niños, adolescentes y jóvenes. Vencer el mercantilismo voraz de las y los dueños de las plataformas que buscan generar adicción para lograr mayores ganancias. 


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