EDITORIAL: Una máxima: Igual para los iguales y desigual para los desiguales
Una de las actividades humanas más difíciles de realizar es hacer justicia; ahora, que si hacer justicia a un solo humano es muy complicado debido a las múltiples vertientes que inciden y las innumerables y complejas situaciones que se presentan, es prácticamente imposible de ecualizar las acciones a las decisiones que inciden en la vida de la mayoría de la gente.
Si eso es muy complicado ¿cómo será hacerlo en una sociedad? Donde se multiplican de forma no geométrica más bien logarítmica todas las variantes de condición, educación, economía, cultura, gobierno, recursos, políticas, economías, sensibilidades, leyes y criterios de interpretación.
Una de las bases donde se describe la desigualdad entre los hombres y cimiente de reflexión para un equilátero trato lo describe Jean-Jacques Rousseau en su obra "El contrato social" proponiéndolo como doctrina en la educación.
En otro, donde se propone un trato igual, independiente y libre es el contrato de John Locke; aquí él propone que los ciudadanos dejen su defensa al gobierno que es quien tiene la obligación de velar por los intereses de todos.
Competir con las misma reglas es injusto.
Muchos han sido los filósofos que han contribuido para lograr una convivencia entre iguales, desde Aristóteles en la tan mencionada ética a Nicómaco hasta los más actuales y vigentes como Enrique Dussel y el sociólogo Ramón Grossfoguel, estos fundamentan en su tesis de la colonialidad de las civilizaciones, también la colonialidad mental donde los invasores nos dejaron el sello del racismo y la sumisión.
En materia del tema que nos convoca, la señora Nussbaum escribe y presenta la procuración de una justicia que no mirábamos, tales como la dignidad de las personas, capacidades y desarrollos diferentes por cada uno. Donde integra las emociones y la cultura como igualdad, convocando al mundo a una plenitud de derechos humanos.
Entre las principales premisas propone:
" Debe existir una garantía mínima que asegure a la sociedad una digna igualdad a las diferentes capacidades de cada individuo.
" La repartición de los recursos debe sobrepasar la mera distribución para que permita cumplir las funciones básicas del humano.
" Una promoción de justicia activa y diferencial por cada individuo considerando el contexto social.
En su crítica a los modelos de justicia como la vengativa "ojo por ojo, diente por diente" les hace un análisis serio y a la vez ácido de las formas, porque un formalismo intrínseco apegado sólo a la ley soslaya las necesidades humanas entorpeciendo el acceso real a la justicia. Una justicia auténtica mira más allá de sólo de lo legal, más bien ve las desigualdades que son la sustancia de ese desbalance. No es lo mismo un pobre contra un rico que tiene la posibilidad de tener de su lado una veintena de abogados. Abre la puerta a la libertad para que cada persona pueda tomar sus propias decisiones; reconoce las diferencias individuales y las barreras que cada uno pueda tener y le afecten en su desarrollo; la diferencia con las políticas públicas es que estas deben enfocarse en generar oportunidades y olvidar las supuestas apariencias de igualdad.
Hace las consideraciones necesarias que provocan la desigualdad, tales como:
" Grupos marginados y poblaciones globales.
" Los derechos de personas discapacitadas, exceptuadas por género, por raza y nivel económico.
" Lleva más allá de cualquier frontera a su compromiso haciéndolo global.
Lleva su pensamiento a contemplar las capacidades reales, pide se garanticen las características naturales como la vida, la salud, la integridad, los derechos, las necesidades y las culturas.
Si usted ha mirado algo de justicia social en algún servidor público, entonces no lo pierda y permítales continuar, pero si no lo hace, ya no es recomendable que ocupe un puesto que no merece tener.
Moisés Zepeda Gómez / Para Horizontes