EDITORIAL: Ruido en el silencio
El espacio que conforma el universo está lleno de ondas de todo tipo, algunas básicas y otras derivadas de estas llamadas armónicas; existen en toda la gama infinita del universo.
Los humanos escuchamos sólo un rango muy estrecho, oímos como desde las ondas de 10 ciclos por cada segundo llamados Hertz hasta como los 18 mil Hertz, algunos humanos alcanzan hasta los 25 kilohertzios, los perros llegan hasta los 30 mil hertzios, pero la gama de lo que no oímos es hasta lo inimaginable. Pero ese fenómeno también llega a nuestro cerebro cuando cavilamos, los pensamientos llenan tiempos, las reflexiones inundan esa parte de la esfera, pero nuestro órgano que conjuga emociones y deliberaciones, si no está en algún reflejo de acción o recuerdo, no está en blanco, está en un ruido blanco.
Cuando nuestra cabeza está en modo de ruido, no intenta pensar y permite absorber cualquier cosa que lo llene, semejando: si usted pone una vasija a la intemperie o se llena de polvo o se humedece o se satura de agua, pero no queda vacía. Igual pasa con nuestros sesos; motivo por el cual nos sentimos atraídos por los videos, WhatsApp, Facebook, Instagram, YouTube y todas esas aplicaciones que llenan con su ruido nuestros pensamientos; ahora que, si nosotros permitimos la inundación por estos medios, cada vez será menor el espacio para pensamientos propios.
El internet abre la puerta a la usurpación de muchas cosas, sin darnos cuenta entregamos información que puede llevarnos a ser vulnerables a delitos, entre otras cosas.
Lo grave no está sólo en el robo del dinero, está en dos vectores: 1.- el extravío mental que generan especialmente en niños y jóvenes y 2.- el tiempo empleado en nada, en vacío de vida.
Lo más preciado que puede tener un humano son los momentos de vida, lo que da y lo que recibe a cambio. Cuando usted trabaja entrega pedazos de vida y a cambio recibe beneficios como dinero o bienes, pero cuando entrega su vida a cambio de nada ¿cuál es su beneficio?
Hace algún tiempo por este medio Horizontes notificamos de los problemas generados por el uso indiscriminado de los aparatos de medios electrónicos y sus aplicaciones; pasamos de ser "pensados" por las televisoras a ser cautivos incautos de los influencers o generadores de contenido; por verificaciones de profesionales de los programas como sin embargo.mx la mitad de los contenidos son mentiras en todos los aspectos.
Nos hacemos propensos al chantaje, extorsión, robo de identidad, inclusive hay quienes pasan a tener problemas mentales e incentivarlos al suicidio. Otros reclutan personas entre ingenuos y tontos para cometer delitos con la vana y estúpida ilusión de ser grandes personajes de la sociedad, y pasan a ser grandes condenas en calabozos.
Si lo más preciado de vida son momentos ¿por qué no darlo a las personas que amamos? ¿una charla con los hijos? ¿unas reflexiones y paso de recuerdos con los hermanos? ¿un café con la esposa y comentar recuerdos del noviazgo? Los momentos pasados buenos y malos como anécdotas.
No dejemos en ruido blanco nuestra mente, ni esperemos que los momentos de vida se desvanezcan en el vacío electrónico, hagamos que se llenen de reflexiones y pensamientos agradables.
Moises Zepeda Gomez./ Para Horizontes

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