miércoles, 18 de marzo de 2026

EDITORIAL:  La germinación del mal

El libro de Nero expone la realidad del avance del mal, conocido también como karma y en otras ocasiones "machetazo a caballo de espadas".

Un epitafio del viejo oeste resume esta idea: "Robó, torturó, mató y así vivió; pero nunca aprendió a ser hombre".

El mal se incuba de forma gradual. Como muestra el libro de Tom Nero; como va "in crescendo" desde la infancia cuando falta una orientación basada en el amor, ese vacío suele ser ocupado por pasiones destructivas. Como cualquier enfermedad avanza y cada vez es más insensible a los sentimientos, comienza con crueldades que causan un daño a animales pequeños como pollos o perros; continúa en la adultez con perjuicios a seres mayores como caballos o personas inclusive a sus compañeras de vida (violencia doméstica), pasa a un tercer término donde culmina contra personas cercanas y delitos mayores -robos, extorsión y asesinato- hasta que el individuo termina enfrentando la misma violencia que ejerció.

 


Las cuatro etapas de la maldad del inglés William Hogarth (1751)

      ¿Le suena lógico y conocido? A los que tenemos varias décadas de poblar este planeta, nos ha tocado ver pasar esa película varias veces y podríamos hacer una lista interminable de personas que vivieron, asaltaron, extorsionaron, oprimieron, actuaron con prepotencia, con impunidad, se aliaron con otros semejantes para delinquir y hacer sufrir semejantes; pero al último les sucede que caminan por la misma ruta que marcaron.

Esto viene a mención por los hechos recientes sucedidos en Jalisco; cuántas personas se enfrentaron a las fuerzas federales (ah, porque la estatales y municipales ni se asomaron ¿verdad Lemus?), ¿a cuantas se les fue la vida de una manera violenta? Pero ¿y cómo vivieron?

Le doy datos: Pablo Escobar Gaviria ordenó la muerte de jueces, policías, políticos y empresarios, financió atentados con bombas en ciudades, uno muy sonado fue el que utilizó para eliminar a un político, con un engaño hizo subir a un incauto con una bomba a un vuelo de Avianca y lo hizo estallar en el aire, sin quedar un solo ser vivo; aquí no importaron los seres inocentes porque el objetivo era uno solo.

         Otro ejemplo es Calígula; humillaba al senado, disfrutaba la tortura y castigos de manera pública, disfrutaba delante del pueblo ejecutar enemigos y hasta amigos, les confiscaba sus bienes, se recreaba en el terror que provocaba, hasta sus propios guardias le temían. Murió a los 28 años apuñalado por su propia guardia pretoriana.

       Estas personas viven inauténticamente, el amor es sustituido por la ambición, el poder, la vanagloria, su devenir está marcado por la tristeza aun cuando la música y las fiestas sean parte grande de su existir, pero nunca se satisfacen, ese vacío de ser, jamás se llena y por ese motivo van escalando primero en la opresión, luego la extorsión, luego el sometimiento bajo terror y por último pasa lo mismo que con Calígula, alguien que les prestó ayuda para encumbrarse lo determinará como enemigo y lo hará sucumbir para entonces enaltecer a otro.


Moises Zepeda Gomez./ Para Horizontes


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