martes, 1 de septiembre de 2026

 EDITORIAL: El derecho a la estupidez


En 1795, Immanuel Kant publicó Hacia la paz perpetua, obra en la que planteó la necesidad de establecer condiciones políticas y jurídicas capaces de impedir que la guerra continuara siendo el recurso habitual para resolver los conflictos entre los Estados.

    Mucho antes, Erasmo de Róterdam, en La queja de la paz (1517), había formulado también una severa condena de la guerra y de la insensatez humana que la hace posible. Hay algo particularmente trágico en ella: muchos de los daños que provoca son irreparables. Las vidas destruidas no pueden restituirse; tampoco pueden recuperarse plenamente las culturas desaparecidas, las obras perdidas, las familias desintegradas ni los proyectos humanos que quedaron truncados.

    Sin embargo, la soberbia y la avaricia ilimitadas de quienes llegan a ejercer poder mediante el dinero, la fuerza o el miedo hacen que la guerra siga siendo posible. Algunos saben, además, que el conflicto puede dejar enormes dividendos: territorios, recursos naturales, influencia política, contratos, mercados y posiciones estratégicas. Mientras unos ponen los muertos, otros hacen las cuentas.

   Pero hasta el poder tiene límites. Como dice el refrán taurino: si el torero es empedernido, más de una vez sale cogido.

 La guerra de Ucrania constituye un caso que merece analizarse precisamente desde esta perspectiva. Después de varios años de combate, no basta preguntarse quién avanzó unos kilómetros o quién destruyó determinado objetivo militar. Es necesario hacer un balance mucho más amplio: ¿cuántas vidas se han perdido? Ucrania lleva más de un millón de jóvenes, ¿cuántas personas han abandonado el país? Entre 1.5 y 3 millones, ¿qué infraestructura ha sido destruida? 

      La planta industrial y el área agrícola nada producen, ¿cuánto territorio se encuentra ocupado? Casi el 50% hasta el río Dniéper, ¿cuánto se ha endeudado el Estado? Ya debe el 105% de su PIB, ¿qué capacidad productiva se ha perdido? El 90%, ¿cuánto armamento se ha consumido? 

      Aunque tiene sistemas de defensa, tiene agotadas la municiones y no hay pertrechos; sobre todo, ¿qué futuro espera a la población que sobreviva? Que muy probable su país sea desmembrado y repartido entre otras naciones -una balcanización-.

      Y todos estos hechos, sucesos y sufrimientos que impactan al mundo sólo por la estupidez de alguien de ultraderecha que creyó ser un rey que caminaba desnudo creyendo ir vestido con una tela tan elegante que solo los inteligente podían ver.

    En nuestro México se acerca el tiempo de elegir representantes gubernamentales, por eso debemos ser claros y conscientes a quien le otorgamos la confianza, recordemos los frutos que nos han dado.

     Con MC ya vimos lo que sucede, agua sucia y con heces fecales en zona metropolitana además de cobros al nivel de robo, dinero de pensiones entregado a inversiones fraudulentas, obras que no se terminan, otras a precios estratosféricos, funcionarios enriquecidos inexplicablemente etc. etc. etc.


Moises Zepeda Gómez / Para Horizontes  


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