miércoles, 28 de enero de 2026

 EDITORIAL: La política

Hubo una mujer llamada Hannah Arendt, judía nacida en Alemania durante los periodos de las dos grandes guerras, vivió y vio de cerca los Ghettos donde confinaban a los judíos. Eso le permitió tener una real impresión de los despotismos del poder y luego un mejor entendimiento de la libertad y la justicia.

Estuvo casada durante varios años pero la verdadera influencia filosófica (aunque élla no se aceptaba como tal) la recibió del filósofo Martin Heidegger   de quién fue amante por largo tiempo.

 


Y esta mujer tenía la concepción de la política, como una manera de pensar y de vivir en una continua procuración del bien, igualdad, la participación ciudadana en los gobiernos Consideraba esta actividad como algo natural del hombre, porque es un espacio donde se convive y genera una relación, hay pluralidad y respeto a la individualidad, fundamentalmente la libertad, no la pregonada por Rosseau, más bien las acciones públicas actuando y dialogando entre iguales.

Sostenía Hannah que la libertad era algo natural del hombre y que venía intrínsecamente ligada desde su nacimiento, que no es dominante, es actuante en comunidad y que sólo puede haberla con las condiciones de pluralidad, igualdad política y en espacio público.

Haciendo esas leves consideraciones en lo personal opino:

La política no es sucia por naturaleza, la ensucian los que la usan para abusar, robar, cuidar sus privilegios y legislar cosas a modo; son los que nos han querido convencernos que es un cochinero, recordamos a Peña Nieto tratando de convencernos que por naturaleza somos corruptos.

En su esencia la política es un acto social muy noble, consiste en dialogar, en reunirse y acordar mejores cosas.

En nuestro país nos han enajenado de manera tal, que muchos están convencidos de que es algo turbio y que los que se involucran son personas sin ética y por lo mismo muchos ciudadanos no quieren participar, no le interesa informarse y mucho menos formarse.

A propósito, nos hacen llegar esa tendencia que se convierte en verdad a fuerza de repetirla, pero el fin es que las personas honestas no se involucren, permitiendo a los de espíritu nefasto un camino libre a los atriles de poder.

Deben estar en esos puestos personas probas que puedan mirar con dignidad a los ojos de los ciudadanos, que sientan en carne propia los problemas de la gente y no esos "coyotes" compra-votos, evasores de impuestos, tramposos, mañosos y mentirosos. (Cualquier semejanza con algún presidente o presidenta municipal o gobernador de estado es mera coincidencia en los calificativos). Llegar a esos puestos debe quedar claro que no es para enriquecerse, no se encontraron un cofre lleno de piedras preciosas ni oro, no es un negocio, ni empresa particular, ni para financiar y favorecer amigos o compadres; es un lugar de servicio, de mejora de la vida de la gente, de alivio de problemas de las comunidades.

La peor política es ser apolítico, porque se olvidan de que los calificadores de los aumentos de los alimentos, los que generan los institutos de salud, los que evitan que una mujer u hombre caiga en la prostitución o emita leyes que permitan a los delincuentes andar sin control por las calles, son los políticos.

Reflexione y participe de acuerdo con su ética moral y proyecto de nación, estado o municipio.


Moises Zepeda Gomez./ Para Horizontes


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