lunes, 22 de mayo de 2017

LA POLITICA DESDE GAYOLA

Por Rodrigo Sànchez Sosa

Ya nadie se acuerda del gasolinazo, una tragedia anunciada
En días pasado alguien publicaba en las redes sociales: "Ya nadie se acuerda del Gasolinazo". Yo comenté: "Una tragedia anunciada…" Un movimiento post democrático e ingenuo, como el que dio origen a las protestas y las organizaciones sociales relacionadas al aumento de los precios de las gasolinas en México, no podía sino sujetarse a la lógica. En el mismo se guardaron tanto las formas sistémicas que, no hizo sino reproducir origen del problema que motivó la protesta: el cinismo, la indiferencia y la desmemoria. En lógica esto se conoce como "la negación de la negación" es decir, la afirmación de la corrupción.  Los más seguro es que en 2018 tengamos en Sayula un candidato independiente surgido de las filas locales de esta organización civil. Antes de esta tragedia, volteemos a nuestra historia para saber dónde estamos parados: durante el movimiento de la Independencia de México, los insurgentes, antes de levantarse contra la Corona española, se empaparon del liberalismo francés ilustrado: Voltaire, Montesquieu, Diderot, Rousseau, Buffon, la vanguardia del pensamiento occidental de su tiempo; durante la Guerra de Reforma, Juárez y los republicamos, se nutrieron de las ideas liberales sajonas, principalmente de la joven República estadounidense; durante la revolución las ideas socialistas y de izquierda, como el anarquismo, el socialismo y el comunismo, nutrieron los ideales de los ideólogos de la revolución como Los Flores Magón y Zapata; y el liberalismo ingles las de Pino Suarez, Madero y Carranza. Este movimiento surgido de la inercia de una situación provocada por el sistema, el del gasolinazo, no se nutrió más que del descontento y el hartazgo de la clase media, no hay sustento ideológico ni reflexión crítica contemporánea que lo sustente, y más, según los críticos e ideólogos de hoy, su fin será reproducir las formas de control, aquí dejo la prueba, en este texto de uno de los críticos e intelectuales más importantes de nuestros tiempo, léalo, entenderá muchas cosas de lo que como país y comunidad nos pasa:
"No importa cuán radical sea nuestro anticapitalismo, la solución es buscada aplicando mecanismos democráticos que, no se debería olvidar, son parte de los aparatos estatales del Estado "burgués" que garantiza un funcionamiento sin trabas de la reproducción capitalista. Hoy día tenemos dos oponentes: los liberales pro-capitalistas y los viejos marxistas, estos últimos afirman que es el mismo capitalismo. Esto obviamente no es cierto, en China y en otros lugares, algo nuevo está surgiendo […]. Algo genuinamente nuevo está emergiendo con el disfraz de lo que ridículamente llaman "valores asiáticos", el capitalismo autoritario. Un capitalismo más dinámico y eficiente que nuestro capitalismo liberal occidental, pero precisamente como tal, funciona perfectamente con un Estado autoritario […]. Veo signos de este nuevo autoritarismo. Hay una especie de devaluación total de la política. Por supuesto, este nuevo capitalismo post-democrático tendrá diferentes formas. Habrá valores asiáticos, más tradicionalmente autoritarios; en Rusia, está surgiendo; en Italia, está surgiendo a su manera.  Lo que le fascinaba Hannah Arendt en los EE.UU. durante la guerra de Vietnam era el nivel de debate público, las personas en las reuniones de la ciudad debatían. Esto está desapareciendo. La visión marxista básica es que la política no es sólo política: la política está en la economía; debemos debatir y rehabilitar esto […]. Si hay una lección del capitalismo posmoderno post-68, es que el papel regulador del estado es cada vez más fuerte. Es estúpida la historia de que el Estado está desapareciendo, etc. ¡No es verdad! Si quieres tener una empresa hoy, tienes que estar profundamente entrelazado con el aparato estatal. Mi posición no es que debamos sentarnos y esperar a que venga una gran revolución. Tenemos que involucrarnos donde sea posible […]. Si algún tipo de golpe se da contra esta ideología de "libertad de elección", será una gran victoria por la que vale la pena luchar. Lo verdaderamente subversivo no es insistir en exigencias "infinitas" que, como sabemos perfectamente, quienes esta?n en el poder no pueden satisfacer (como ellos tambie?n saben que nosotros lo sabemos, aceptan sin problemas la actitud que lleva a plantear esas "exigencias infinitas": "es estupendo que, con sus exigencias cri?ticas, nos recuerden en que? mundo nos gustari?a vivir a todos; sin embargo, por desgracia, vivimos en el mundo real…"), sino, al contrario, bombardearlos con exigencias precisas y finitas, seleccionadas estrate?gicamente, ante las que no quepa aducir la misma excusa.   Hay que distinguir entre las batallas a corto plazo que vale la pena luchar y las batallas a corto plazo donde su protesta sean de la clase donde: los del poder como Blair o Bush digan, ustedes ven esto, eso es lo que queremos en Irak, una sociedad en la que la gente sea capaz de protestar tal como nosotros -hubo un poco de eso en las marchas contra la guerra de Irak. Todo el mundo estaba satisfecho, pero los que organizaron las protestas sabían que no cambiarían nada- Por lo tanto, uno debe tener mucho cuidado al hacer algo que aparece como una medida de protesta. ¿Cómo funciona realmente? No es difícil saber, si miras de cerca, siempre sabes lo que estás haciendo.    En este sentido, Badiou tenía razón en su afirmación de que, hoy por hoy, el enemigo fundamental no es el capitalismo ni el imperio ni la explotación ni nada similar, sino la democracia: es la "ilusión democrática", la aceptación de los mecanismos democráticos como marco final y definitivo de todo cambio, lo que evita el cambio radical de las relaciones capitalistas.    Más que nunca, la batalla a ganar es ideológica. Y no me refiero a una idea pseudo-marxista de que es algo que nos oscurece la visión, la ideología de ahora es espontánea […]. Si no cambia el trasfondo ideológico, los hechos por sí solos no hacen el trabajo. El concepto de ideología que desarrollo en mis libros, es crítico con el propio Marx. La ideología no es lo que se llama "superestructura", un reino sombrío. Para mí, el núcleo de la teoría de Marx de la ideología no se encuentra en la ideología alemana, ni en aquellas obras estúpidas, simplistas, juveniles, que están totalmente desfasadas. Pero en El Capital, cuando Marx habla del fetichismo de las mercancías, habla del fetichismo como una especie de ideología, aunque no use el término ideología. Aquí Marx superó sus primeras simplicidades, la distinción entre la base económica y la superestructura ideológica. Esta es la lección de esta crisis. Incluso los neoconservadores inteligentes reconocen que estamos en un punto muerto y no hay salida. Alguien como Fukuyama pregunta hasta qué punto el funcionamiento de la economía descansa en las actitudes ideológicas de las personas -si confían unos en otros, qué piensan, etc-. Un gran rumor falso puede prácticamente arruinar un país pequeño hoy. Por lo tanto, no estoy diciendo que todo se disuelva en la psicología o lo que sea. No, el truco es precisamente ver en qué medida la economía misma, para funcionar, tiene que confiar en el hecho de las actitudes ideológicas. La actitud ideolo?gica que abre esta escisio?n es, por supuesto, la del cinismo, la de la distancia ci?nica que corresponde a la nocio?n misma de la Ilustracio?n y que hoy parece haber alcanzado su apogeo; si bien oficialmente socavada, desvalorizada, la autoridad vuelve cola?ndose por la ventana - 'sabemos que no hay verdad en la autoridad, no obstante seguimos jugando su juego y obedeciendo a fin de no perturbar la marcha normal de las cosas…' Ahora, ¿qué hacer? no tengo respuestas. Cuando la gente me pregunta qué debemos hacer con la ecología, la crisis financiera -mi dios, ¿qué sé yo?-. Lo que puedo hacer, como intelectual crítico, es hacer las preguntas correctas. A veces la forma en que se formula o percibi un problema puede ser parte del problema. El ejemplo clásico es la tolerancia. ¿Por qué hoy traducimos o percibimos automáticamente problemas de racismo o sexismo en problemas de tolerancia? Mira la gran lucha anti-racista de Martin Luther King. Nunca usa la palabra "tolerancia". Para él habría sido ridículo decir que los negros queremos más "tolerancia" de los blancos. Creo que tiene algo que ver con lo que podríamos llamar nuestro capitalismo post-político cultural, en el que las luchas más apasionadas son las luchas culturales. Una gran mayoría de la izquierda no cuestiona la democracia liberal y el capitalismo como tal. De la misma manera que cuando éramos jóvenes queríamos socialismo con rostro humano, para una gran parte de la izquierda de hoy, lo que quieren es un capitalismo global con rostro humano. Por eso, la única forma de percibir los problemas es transformarlos, transformarlos en problemas culturales. Sin embargo, los intelectuales críticos de hoy deben trabajar para que las personas puedan plantearse las preguntas correctas.   El problema para mí es que, si no queremos acabar en una sociedad neo-autoritaria, en la que tendremos todas nuestras libertades privadas (puede tener relaciones sexuales con animales, etc.), pero en la que el espacio social será despolitizado y mucho más autoritario -aquí debemos hacer un pacto con los liberales- sólo un cuestionamiento más fundamental de nuestra sociedad puede salvarnos. Está claro que nos estamos acercando a algún tipo de punto cero apocalíptico. Así que, no, no veo ningúna solución inmediata. Veo tendencias de proletarización. Por proletarización quiero decir que la gente se reduce casi a una especie de nivel zero cartesiano -eres un agente libre pero privado de sustancia-. Entonces es una cuestión de coaliciones, cómo hacerlo. Mi "insight" incondicional es que seremos empujados a una situación en la que tendremos que hacer una elección: o hacemos algo o nos acercaremos lentamente a una sociedad, en la que no estoy seguro que me gustaría vivir." - Slavoj Žižek, Filósofo Marxista cotemporaneo.

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